
El Cautivo
CAUTÍVAME CON TU BENDICIÓN
(19.09.26)
Dios no nos creó para caminar solos. En los momentos de alegría necesitamos con quién compartir, y en los tiempos difíciles necesitamos manos que nos sostengan, oídos que nos escuchen y corazones dispuestos a orar por nosotros.
La Palabra de Dios nos recuerda:
«Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo.»
Gálatas 6:2 (RVR1960)
Seguir a Jesús también significa aprender a mirar más allá de nosotros mismos. Hay personas a nuestro alrededor que llevan cargas que quizá no podemos ver: preocupaciones, heridas, problemas familiares, enfermedades, soledad o incertidumbre.
A veces Dios nos llama a ser nosotros quienes ayudemos. Otras veces, debemos tener la humildad suficiente para reconocer que también necesitamos ayuda.
* Que hoy Dios te dé un corazón sensible para reconocer las necesidades de quienes te rodean.
* Que sepas escuchar antes de hablar y acompañar antes de juzgar.
* Que seas una persona confiable, dispuesta a ayudar, consolar y orar.
* Y que cuando tus propias fuerzas fallen, tengas la humildad de permitir que otros también lleven contigo parte de tu carga.
«Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero.»
Eclesiastés 4:9-10 (RVR1960)
El Cautivo (www.cautivo.info) te recuerda que una palabra de ánimo, una llamada, una oración, un abrazo o simplemente estar presente pueden convertirse en instrumentos de Dios para levantar a alguien.
No caminemos indiferentes ante las cargas de los demás.
Amemos. Escuchemos. Ayudemos. Oremos unos por otros.
Hoy, sábado 19 de septiembre, pídele al Señor que te muestre a quién puedes ayudar… y recuerda que tampoco tienes que cargar tú solo con todo.
Que Dios te bendiga!!!
https://youtu.be/Ta2nwmRWrrg?is=wiIKoCHpCfsWaGst
Canal de Youtube de El Cautivo
(Vídeos de El Cautivo y playlist de las bendiciones diarias del Cautivo junto con otros playlists y publicaciones)
https://www.youtube.com/@cautivo2024
(Apocalipsis, 19:11)
«Entonces vi el cielo abierto, y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero… Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino fino, blanco y limpio, lo seguían en caballos blancos.»